El movimiento que marcó un antes y un después
Este 3 de junio se cumplen once años de la primera movilización de Ni Una Menos, una convocatoria que logró transformar la violencia de género en una de las principales discusiones sociales de la Argentina.
La fecha nació en 2015 tras el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años asesinada en Santa Fe. La indignación social generó una movilización masiva en todo el país y dio origen a un movimiento que desde entonces se convirtió en símbolo de la lucha contra la violencia machista.
A más de una década de aquella primera marcha, el reclamo continúa vigente. Organizaciones sociales, colectivos feministas, familiares de víctimas y miles de personas vuelven a movilizarse este 3 de junio para exigir prevención, protección y justicia.
Un 2026 atravesado por nuevos casos
La conmemoración de este año llega marcada por dos casos que volvieron a conmover a la sociedad argentina.
Agostina Vega, de 14 años, y Dulce María Candia, de 17, fueron asesinadas en hechos que generaron una profunda repercusión pública y renovaron las discusiones sobre las herramientas de prevención, los mecanismos de búsqueda y la capacidad de respuesta de las instituciones frente a situaciones de riesgo.
Ambos casos se produjeron pocos días antes de una nueva movilización de Ni Una Menos y se transformaron en símbolos de una problemática que continúa afectando a mujeres, niñas y adolescentes en todo el país.
Once años de reclamos
Desde la primera marcha de 2015, distintos observatorios y organizaciones especializadas registraron más de 3.200 víctimas letales de violencia de género en Argentina.
Detrás de cada cifra existen historias personales, familias atravesadas por el dolor y comunidades enteras que continúan reclamando justicia.
Al mismo tiempo, durante estos años se impulsaron leyes, programas de asistencia, capacitaciones y políticas orientadas a prevenir la violencia de género. Sin embargo, numerosas organizaciones advierten que persisten dificultades para garantizar el acceso efectivo a la protección, la atención y el acompañamiento de las víctimas.
En el último tiempo también crecieron las críticas por la reducción de recursos destinados a programas específicos de prevención y asistencia, un debate que volvió a cobrar fuerza en el marco de las movilizaciones de este año.
Los nombres que también marcaron a Zona Norte
La violencia de género no es una problemática ajena a Tigre y la región.
Uno de los casos más recordados es el de Carolina Aló, asesinada en Tigre en 1996. Su asesinato se convirtió en un caso emblemático y en una referencia permanente dentro de la lucha contra la violencia hacia las mujeres.
En los últimos años también generaron conmoción otros hechos ocurridos en la región, como el femicidio de Mayra Belén Morán en el ámbito judicial de San Isidro y la muerte de Sofía Fernández, una mujer trans cuyo caso continúa siendo señalado por organizaciones de derechos humanos y colectivos LGBTIQ+ como un travesticidio que aún reclama justicia.
Sus nombres forman parte de una memoria colectiva que sigue presente en cada movilización y en cada reclamo por una sociedad más segura e igualitaria.
Más allá de una fecha
A once años de aquella primera convocatoria, Ni Una Menos continúa siendo mucho más que una marcha.
La fecha funciona como una instancia de reflexión sobre los distintos tipos de violencia que afectan a mujeres y diversidades, pero también sobre la importancia de la prevención, la educación, el acompañamiento y las políticas públicas destinadas a proteger a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
La violencia no comienza con un femicidio, muchas veces se manifiesta previamente a través del control, las amenazas, el aislamiento, la violencia psicológica, económica o digital.
Once años después, el reclamo sigue vigente y la memoria de quienes ya no están continúa siendo una herramienta fundamental para exigir justicia y construir una sociedad libre de violencias.

